Entrevista al Dr. Luis Troconis
Nidia Beatriz Pernalete2025-05-29T05:15:43-04:30El Dr. Luis Troconis nacido en Caracas el 16 de noviembre de 1944, se graduó de bachiller en ciencias el 20 de julio de 1963, en el Liceo Santiago de León de Caracas. Posteriormente, culminó sus estudios de medicina y se graduó de médico cirujano el 28 de agosto de 1963, en la Escuela de Medicina José María Vargas en el Hospital Vargas (HV) y de médico nefrólogo el 15 de septiembre de 1973 en el Hospital Necker (HN) de París, Francia.
NP: ¿Era el Liceo Santiago de León de Caracas, público o privado?
LT: Era un liceo privado ubicado en La Florida, que fue fundado en 1950 por el Dr. Rafael Vegas, un personaje que, como estudiante de medicina, participó en los sucesos estudiantiles de 1928, convirtiéndose en uno de los primeros presos del Castillo Libertador en Puerto Cabello. Además, formó parte de la Expedición del Falke, organizada para derrocar al General Juan Vicente Gómez y que desembarcó en Cumaná en 1929, procedente de Europa.
Después de ese suceso, el terminó sus estudios de medicina y se especializó en psiquiatría infantil, pero uno de sus sueños era crear un colegio que fuera un modelo de educación adaptada a las necesidades del país, fomentando los valores fundamentales para crear los dirigentes del futuro y que contrarrestara la educación impartida por los colegios católicos que predominaban para la época.
NP: ¿Qué lo inclinó a estudiar medicina?
LT: Lo que me inclinó a estudiar medicina fue, en primer lugar, mi gran interés por la biología durante el bachillerato. Este interés probablemente estuvo influido por mi madre, quien era botánica especialista en algas y profesora de biología en el Instituto Pedagógico de Venezuela. Desde muy pequeño la acompañaba al laboratorio, donde manipulaba el microscopio y me involucraba en sus experimentos, lo que se convirtió casi en una vocación infantil.
Sin embargo, con el tiempo, mi interés evolucionó de la biología a la medicina, motivado no tanto por una disposición inicial de servicio médico, sino mas bien por una preferencia hacia el conocimiento científico de la biología humana
NP: ¿Qué le atrajo específicamente de la Escuela de Medicina del HV, en lugar de la Escuela de Medicina Luis Razetti de la Universidad Central de Venezuela (UCV), del Hospital Universitario de Caracas (HUC)?
LT: La Escuela Vargas me atrajo por varias razones. En esa época, los hijos de médicos solían escoger esa escuela para estudiar y yo tenia varios amigos hijos de médicos, que habían decidido estudiar en ese hospital. Además, allí trabajaban médicos muy reconocidos como los Dres. Fernando Rubén Coronil, Jacinto Convit, Blas Bruni Celli y Otto Lima Gómez entre otros médicos de renombre, que también impartían clases en la facultad de medicina.
Una vez iniciados mis estudios, reafirmé mi elección, ya que el número relativamente pequeño de estudiantes para la época, permitía que todos nos conociéramos independientemente del año que cursáramos. Esto facilitaba una interrelación muy cercana e incluso amigable con los docentes, lo cual me resultaba muy atractivo.
Las actividades docentes, que seguían un esquema similar al de la Universidad de Stanford, gracias a profesores que se habían formado allí, también se realizaban en forma conjunta. Por otra parte, la Escuela Vargas no estaba ligada a conflictos políticos, a diferencia de la UCV, que a menudo cerraba por ese motivo. En la Escuela Vargas las clases no se suspendían por razones políticas e incluso, muchos nos hacían bromas diciendo que estudiábamos en lo que parecía más un colegio de medicina que en una universidad.
Adicionalmente, en aquel momento existía una gran diferencia tecnológica entre el HV y el HUC, o sea que, la escuela era muy moderna en cuanto a recursos y enfoque y todo esto hacia que los “varguistas”, nos sintiéramos muy orgullosos de pertenecer a ella.
NP: Durante su etapa como estudiante de medicina, ¿Tuvo algún contacto con la especialidad de nefrología o con los procedimientos de diálisis?
LT: Si, tuve mucho contacto con nefrología en el HV, ya que allí había tres nefrólogos muy importantes, los Dres. Gastón Vargas y José Chesneau formados en Francia y el Dr. Luis Urdaneta formado en Inglaterra.
Con relación a los procedimientos de diálisis, en esa época no se contaba con riñones artificiales para realizar la hemodiálisis. La única modalidad disponible era la diálisis peritoneal aguda, que se realizaba a través de un catéter rígido.
Sin embargo, esta modalidad de diálisis solo se realizaba en la unidad de terapia intensiva. Por lo tanto, durante las pasantías cortas en la que rotábamos por esa unidad, si se presentaban casos de enfermedad renal aguda que requerían diálisis, los estudiantes solo colaborábamos haciendo los recambios de las soluciones de diálisis. La indicación y el manejo de la diálisis peritoneal, estaba a cargo de los terapistas.
NP: ¿Qué hace al graduarse de médico cirujano?
LT: Recién graduado, mi primer trabajo fue en el Hospital José Ignacio Baldó, mejor conocido como Hospital El Algodonal, desde 1969 a 1970. Allí trabajé con el Dr. Manuel Adrianza, quien era cardiólogo y cirujano de tórax y dirigía un servicio de cardiología que era un referente en el país.
Este servicio contaba con una unidad de hemodinamia y un laboratorio de investigación de fisiología cardiopulmonar, dedicado al estudio de la hemodinamia y la contractilidad miocárdica. Sin embargo, durante ese año, mas que a la cardiología clínica en si, me dediqué principalmente a la fisiología cardiovascular en el laboratorio. Además de este trabajo, también ejercí como médico residente de guardias en el Instituto Diagnóstico, un centro de salud privado ubicado en la Urbanización San Bernardino de Caracas,
NP: ¿Qué fue lo que concretamente lo incentivó a inclinarse por la nefrología como especialidad?
LT: A partir del cuarto año de la carrera de medicina, la materia que me interesó y me parecía mas importante, fue la fisiopatología. En mi ingenuidad, creía que la comprensión de la fisiopatología de una alteración funcional, aunada al dominio de la terminología médica, bastaba para considerarme un médico formado. Asumía que conocer el funcionamiento del organismo y poseer el vocabulario científico, eran suficientes. Sin embargo, con el tiempo comprendí la vastedad de lo que realmente implica convertirse en medico.
El interés por esa materia, me llevó a trabajar como preparador durante varios años de mi carrera en la cátedra de fisiopatología, en cuya biblioteca encontré un libro que fue trascendental para mi en esos momentos: “Fisiología Renal” de Robert Pitts, donde se describían los mecanismos de acidificación urinaria. Por supuesto lo leí, lo cual reafirmó mi convicción de elegir algo relacionado con esa área.
NP: ¿Contribuyeron sus profesores a que se decidiera a escoger nefrología como especialidad?
LT: Por supuesto que si, al graduarme y conversar con mis profesores sobre mi interés en la fisiopatología, el manejo de electrolitos, la homeostasis del medio interno y todo lo relacionado con terapia intensiva, ellos contribuyeron significativamente en mi decisión. Me informaron sobre una disciplina nueva que se estaba desarrollando en ese momento llamada nefrología. En Francia se denominada nefrología pura y terapia intensiva o reanimación, mientras que, en EE.UU., específicamente el grupo de Boston, estaba incorporada a la cardiología y se llamada neurocardiología.
NP: ¿Cual de sus profesores en particular lo inclinó definitivamente al campo de la nefrología?
LT: Indudablemente fue el Dr. Gianni Pinardi, un médico chileno graduado en la Universidad de Roma, Italia. En esa época, la escuela de medicina del HV atrajo a muchos profesores del exterior, sobre todo para la facultad de ciencias básicas y entre ellos estaba el profesor Pinardi. El fue un gran maestro y guía en el área de fisiopatología, realizando trabajos de investigación en shock séptico, tanto en perros como en ratas.
NP: ¿Alguna razón para escoger Francia para realizar sus estudios de postgrado?
LT: Varias razones. Primero mi novia y yo decidimos casarnos y hacer el postgrado en el exterior. Ella era sociólogo y quería estudiar demografía en Francia, ya que era el país mas indicado para ese tipo de estudios. Además, yo siempre tuve mucho interés en conocer Europa, porque pensaba que aportaba mas para el crecimiento personal que EE.UU., país en el que ya había vivido en mi niñez, incluso hablaba inglés y tenia aprobado el exámen “Educational Commission for Foreign Medical Graduates” (ECFMG).
Segundo, mi familia tenía algunas relaciones con el mundo intelectual de caracas y esos amigos insistían en que nos fuéramos para Francia, por que había que aprender de todo, no solo de medicina y Europa ofrecía, además, la posibilidad de conocer otros países y cultivarse en historia, arte, cultura y música.
Tercero, yo estaba muy interesado en terapia intensiva y en ese momento en París, había una escuela muy importante: La del HN dirigida por el Dr. Jean Hamburger, dedicada a la nefrología clínica, terapia intensiva o reanimación, hemodiálisis y trasplante.
NP: ¿Cómo obtuvo el financiamiento para realizar los estudios de postgrado en Francia?
LT: Para el financiamiento, apliqué simultáneamente con mi novia a un programa de becas que ofrecía el gobierno francés a estudiantes extranjeros. Como requisito fundamental, se requería dominar el idioma, por lo que durante un año estudiamos francés en la Alianza Francesa.
Nos aprobaron una beca por un monto de 700 francos mensuales para mi y 500 para mi novia. Sin embargo, como esa cantidad no era suficiente para cubrir nuestros gastos corrientes, solicitamos un préstamo en el Instituto de Crédito Educativo (EDUCREDITO) y finalmente, viajamos a París con 2300 francos mensuales, una suma suficiente para vivir cómodamente durante los tres años.
Posteriormente, estando ya en Francia, el Dr. Pinardi nos ayudó a conseguir una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT), que era suficiente para cubrir nuestros gastos, lo que nos permitió renunciar al crédito educativo y cancelar la deuda acumulada en su totalidad, de forma que cuando regresamos a Venezuela no debíamos nada.
NP: ¿Solicitaba CONICIT algún compromiso que debía cumplir para retribuir la beca al regresar al país?
LT: CONICIT era una institución muy ligada a la universidad y el compromiso que exigía a cambio de la beca, era trabajar tres años en la administración pública. No obstante, esta condición era más bien ventajosa, porque significaba que al regresar tendríamos un lugar seguro para trabajar.
NP: ¿Tuvo alguna dificultad con el idioma al llegar a París?
LT: Al Llegar a París teníamos un dominio muy precario del idioma, por lo que tuvimos que estudiar francés. Francia tenía un programa especial para becarios extranjeros, que necesitaban aprender el idioma y a nosotros nos asignaron a la Universidad de Montpellier, donde había un centro de estudios del idioma francés.
El curso duraba tres meses, que fueron muy interesantes porque vivimos en la residencia universitaria, es decir, hicimos la vida de un estudiante francés durante ese tiempo. Esto nos permitió tener contacto con estudiantes de todas partes del mundo, fundamentalmente árabes.
Como anécdota de este período, recuerdo que celebramos jubilosamente la victoria de Salvador Allende en las elecciones de Chile en 1970, con una gran fiesta, ya que los estudiantes chilenos y árabes que estaban allí, eran en gran parte socialistas.
NP: Una vez iniciado el postgrado, ¿Como estaba estructurado el servicio y el cuerpo de profesores?
LT: Una vez en París, descubrí que el HN era una institución de renombre mundial, considerado el hospital “bandera” en nefrología. Su larga trayectoria y la calidad de sus profesionales lo convertían en un centro de referencia en esta especialidad.
El personal académico estaba integrado por el Dr. Jean Hamburger, jefe del servicio, quien era un pionero de la nefrología moderna y realizó importantes contribuciones a la especialidad, incluyendo el primer trasplante renal exitoso en Francia. Su liderazgo y visión, sentaron las bases para el desarrollo de la nefrología como especialidad. El servicio a su vez tenia cuatro departamentos bien definidos: Medicina, trasplante, hemodiálisis y terapia intensiva o reanimación, además de un laboratorio de inmunología.
El resto del equipo docente eran figuras destacadas en sus respectivas áreas: la Dra. Rene Habib, jefe de la sección de histología, reconocida mundialmente por sus estudios de patología de las enfermedades renales, particularmente en niños; el Dr. Jean Francois Bach quien estaba a cargo de la sección de inmunología; el Dr. Jean Pierre Grunfeld que lideraba la sección de terapia intensiva y reanimación, una persona muy importante dentro de la nefrología francesa y quien fue mi tutor de tesis de grado y el Prof. Jean Crosnier en la parte de clínica del trasplante.
Estos cuatro profesores, fueron algunas de las figuras mas relevantes de la nefrología francesa y mundial, en las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta.
NP: ¿Cuántos residentes de postgrado había y como se hacían las rotaciones por los diferentes departamentos?
LT: En el programa de postgrado éramos cuatro residentes franceses y cuatro extranjeros. Cada uno de nosotros rotaba durante tres meses por los departamentos principales y también, por las secciones de histología y radiología durante los tres años del programa. Además, hacíamos guardias cada siete días.
NP: Muchos de los nefrólogos venezolanos de ese período, se formaron en París, especialmente en el HN, ¿Coincidió usted con algún venezolano durante su postgrado?
LT: Cuando llegué al HN, me encontré con el Dr. Miguel Rondón Nucete, quien estaba en su segundo año de postgrado y me ayudó muchísimo desde el comienzo. El era un profesional muy apreciado dentro del servicio de nefrología y se encargaba de todo lo relacionado con hemodiálisis, especialmente de los accesos vasculares.
En esa época, en lugar de las fístulas arteriovenosas que se realizan hoy en día, se utilizaba el “Shunt de Scribner” y el se especializó en su colocación y mantenimiento, incluyendo el manejo de las complicaciones. De hecho, era el único residente que no rotaba por los diferentes departamentos, ya que su presencia era casi obligada en el de hemodiálisis y era considerado prácticamente un médico de planta. Posteriormente, regresó a Venezuela y desarrolló la especialidad en Mérida.
NP: No puedo dejar de comentar que estudiar con nefrólogos de esa dimensión profesional, debe haber sido motivo de gran orgullo, ¿Como estaba distribuida la actividad docente en el tiempo?
LT: Diariamente, por las mañanas teníamos una intensa actividad clínica desde las 8:00 am hasta la 1:00 pm, que incluía consulta de pacientes, revista médica, discusión exhaustiva de casos clínicos y una actividad académica diferente cada día, como reuniones de radiología, sesiones de histología o presentaciones de los resultados de los trabajos de investigación.
Por las tardes, la docencia formal consistía en clases magistrales impartidas directamente por estos prestigiosos profesores, en las que profundizábamos en temas de fisiología y medicina interna.
NP: Siento mucha curiosidad por saber como era el día a día con estos gigantes de la nefrología…
LT: Era notable como todos se preocupaban genuinamente por los becarios extranjeros y por todos los que se estaban formando como nefrólogos. Estaban muy interesados en establecer lo que llamaban la internacional nefrológica, pero a la vez eran muy amigables, nos conocían por nuestros nombres y nos llamaban así.
Recuerdo especialmente a la Dra. Habib quien hablaba muy bien el idioma español y se dirigía a los estudiantes hispanos en nuestro propio idioma, lo que facilitaba mucho la comunicación. El Dr. Hamburger por su parte, nos obligaba a intervenir activamente en las sesiones clínicas. Recuerdo que preguntaba directamente: ¿y usted que opina?, y ahí estábamos, los interpelados del momento, ante una diapositiva proyectada en la pared, en un auditórium con unas 80 personas, teniendo que expresar una opinión.
NP: ¿Para esa época ya existía la Sociedad Internacional de nefrología?
LT: La Sociedad Internacional de Nefrología se fundó en 1960, o sea, que a mi llegada a París ya existía y el requerimiento para inscribirse era mínimo: estar recomendado por dos miembros fundadores y uno de ellos era el Dr. Hamburger y el otro el Dr. Grunfeld.
NP: En un momento de tanta efervescencia clínica, científica y de formación docente de la especialidad, ¿Se hacían reuniones entre los grandes de la nefrología mundial de la época?
LT: En el HN se hacían reuniones de alto nivel cada tres o cuatro meses, a las que asistían grandes personalidades de la nefrología mundial. Debido al prestigio del personal académico asistente, las denominaban el “jet set nefrológico” y la asistencia para los estudiantes era obligatorio.
A estas reuniones acudían figuras como el Dr. Belding H. Scribner y el Dr. John P. Merril de EE.UU., el Dr. John Stewart Cameron de Inglaterra y la Dra. Priscilla Kincaid Smith de Australia, entre otros.
En ellas, cada uno presentaba resultados de los trabajos de investigación, que estaban realizando en sus respectivos lugares de trabajo, lo que generaba discusiones clínicas muy interesantes.
Por ejemplo, recuerdo que la Dra. Kincaid Smith, cada vez que asistía a las reuniones del jet set, presentaba datos de investigación sobre biopsias renales o trasplante renal experimental, con resultados muy diferentes, lo que se prestaba para hacer bromas. Una de estas era que, como ella prácticamente vivía en las antípodas, en lugar de usar perros para sus experimentos, usaba corderos.
Además, anualmente se realizaba una actividad de una semana de duración, llamada “Actualités del Hospital Necker”, que era prácticamente un micro congreso internacional al que asistía la crema y nata de la nefrología mundial. Además de los nefrólogos antes mencionados, recuerdo a los Dres. William Kolf, Barry Brenner y Jean Dausset, quien descubrió el sistema HLA y compartió el Premio Nobel con Baruj Benacerraf y Gregorio D. Snell.
En este evento se presentaban conferencias dictadas exclusivamente por los invitados nacionales e internacionales, relacionadas con las líneas de investigación de cada uno y posteriormente se publicaba un libro con el contenido de las conferencias, tanto en ingles como en francés.
NP: O sea que usted alternó con la élite de la nefrología mundial de la época …
LT: Así fue, aunque como estudiantes nos sentíamos un poco intimidados. Sin embargo, aparte de toda esa actividad docente y laboral, el servicio era un lugar de mucha cordialidad para trabajar. Se pasaban tantas angustias y noches en vela, que se generó un fuerte compañerismo entre adjuntos y estudiantes y muchas veces todos terminábamos en el cafetín de enfrente tomando un café o una copa de vino. La interacción social dentro del hospital era muy activa, ya que todos nos conocíamos y compartíamos juntos.
NP: ¿Alguna nota curiosa sobre el HN?
LT: El instituto del riñón del HN era llamado irónicamente “The Kidney Palace” por franceses e ingleses. Esta denominación se debía a que, a pesar de estar enclavado en uno de los jardines del antiguo HN, cuya arquitectura era muy similar a la de cualquier otro hospital de París, el instituto contaba con una infraestructura muy moderna que contrastaba con la imagen antigua del hospital.
El Dr. Jean Hamburger, con su reconocido prestigio como nefrólogo, autor de importantes libros de nefrología y medicina interna, además de su experiencia como médico de guerra, tenía buenas relaciones con el gobierno francés. Esto le permitió conseguir el presupuesto necesario, para construir un moderno edificio de siete pisos con varios servicios, lo cual era muy avanzado para la época. Como mencioné anteriormente, el movimiento científico de este instituto era muy intenso y lo convertía en un centro de formación como nefrólogo, verdaderamente excepcional.
NP: Como era la actividad de hemodiálisis y/o diálisis peritoneal en el hospital?
LT: Se realizaban hemodiálisis agudas a los pacientes con enfermedad renal aguda, en la unidad de terapia intensiva y reanimación, utilizando máquinas de diálisis Travenol americanas y dializadores tipo Twin Coil de Travenol. Las causas mas frecuentes de enfermedad renal aguda eran sepsis, postquirúrgicas y postparto; no obstante, se atendían todo tipo de patologías agudas del mismo hospital o referidas de otros centros sanitarios.
Además, también llegaban pacientes crónicos que entraban por esta unidad, a quienes se les realizaba el “Shunt de Scribner”, se dializaban durante dos semanas y luego se referían a las unidades de diálisis crónica periféricas.
Al mismo tiempo, el hospital contaba con una unidad de hemodiálisis crónica con quince riñones artificiales, que funcionaba con máquinas francesas de Rhone Poulenc. Estos pacientes eran fijos, es decir, no se referían a las unidades periféricas a menos que existiera una razón de cercanía a su región de origen, ya que esta unidad estaba fundamentalmente dedicada a la investigación clínica. Con relación a diálisis peritoneal, cuando llegué al Necker, ya no se hacía la modalidad de diálisis peritoneal aguda, solo se realizaba hemodiálisis y para esa época no existía aun la diálisis peritoneal ambulatoria continua.
NP: ¿Esas unidades de diálisis periféricas que usted menciona, eran lo que aquí se conocen como unidades extra hospitalarias?
LT: Exactamente. Eran cinco o seis unidades en París con 20 o 30 pacientes cada una, pero nosotros, como parte del HN, no teníamos contacto estrecho con ellas. Sin embargo, los médicos que manejaban esas unidades si asistían a los rounds clínicos del hospital y llevaban a discusión los casos problema. Además, es importante destacar que los pacientes estaban adscritos al HN.
NP: ¿Y que me dice sobre la actividad de trasplante renal?
LT: En el HN, los trasplantes renales eran manejados por los cirujanos y urólogos de trasplante. Por lo tanto, mi formación en el campo del trasplante fue muy limitada, ya que la nefrología que se enseñaba en el Hospital se centraba predominantemente en nefrología clínica, hemodiálisis y nefropatología. La función del nefrólogo en el trasplante renal, se limitaba a tomar la muestra de la biopsia renal post-trasplante y al tratamiento del rechazo agudo, para lo cual se usaban altas dosis de esteroides.
Vale la pena mencionar que una de las limitaciones de mi formación como nefrólogo, fue en el área de trasplante renal. Por esta razón, no me dediqué a ese campo de la nefrología cuando regresé a Venezuela.
NP: Siendo la Dra. Habib parte del distinguido grupo de docentes, supongo que realizaban muchas biopsias renales, ¿Que técnica utilizaban para la obtención de la muestra?
LT: En una época en la que en la mayoría de los hospitales las biopsias renales se hacían por microlumbotomia, el HN fue uno de los primeros hospitales en Francia, donde se empezaron a realizar biopsias renales por punción, con el paciente en posición prona. Ubicábamos los riñones radiológicamente y la muestra se tomaba con la aguja de Vim-Silverman.
NP: ¿Como era el sistema de evaluación de conocimientos? ¿Que tipo de certificado se otorgaba al culminar los estudios?
LT: El sistema de evaluación se basaba en exámenes finales y la presentación de una tesina de grado y en cuanto a los títulos, existían varios tipos de certificados. Al culminar el segundo año de postgrado, se presentaba un examen final, que otorgaba un certificado llamado “Attestation de Estudios en Nefrología”, que facultaba para trabajar como médico nefrólogo en las unidades de hemodiálisis periféricas, que en ese momento estaban comenzando a aumentar y para las cuales se necesitaban especialistas.
Al finalizar el tercer año de postgrado y después de presentar el examen final en la escuela de medicina, se otorgaba un título que se denominaba “Certificado de Estudios Especiales en Nefrología”. Este certificado confería la condición de nefrólogo completo y con el se podía trabajar en todo el país como médico nefrólogo.
También otorgaban un certificado llamado “Asistente Extranjero de los Hospitales de París”, que permitía trabajar como médico en los hospitales. Además, al graduarse como nefrólogo en Francia, automáticamente se obtenía el reconocimiento como médico internista, es decir, también entregaban un “Certificado de Especialista en Medicina Interna”. Estas credenciales eran otorgadas por la Universidad René Descartes París V.
NP: ¿Alguna nota curiosa sobre la obtención de estos certificados?
LT: El examen final del tercer año era una especie de ceremonia muy sui generis, que se realizaba en un día específico del año. Este examen se presentaba en un auditórium de la Universidad París V y los estudiantes eran recibidos por un personaje vestido de negro, llevando un sombrero y una bandera roja en la mano, quien, para invitar a entrar al recinto, daba tres golpes en el piso con el asta de la bandera, diciendo: “pasen adelante, el examen va a comenzar”.
Una vez dentro, este personaje distribuía el examen entre los estudiantes y al finalizar los recogía, para repartirlos entre los profesores. Pasado un mes, entregaban los resultados y si aprobabas, obtenías el certificado de estudios especiales y ese día era considerado como la fecha de graduación.
NP: ¿Bajo que línea de investigación escogió el tema para hacer la tesina de grado?
LT: El tema de la tesina me la asignó el Dr. Grunfeld y se centró sobre el Síndrome de Allport (SA), cuyo objetivo era la descripción histológica de la lesión renal en esta enfermedad. Para ese momento, la Dra. Nicole Hanglais, histólogo jefe del servicio de histología de adultos y la segunda patólogo después de la Dra. Habib, hizo la importante observación por microscopia electrónica, que la membrana basal en los pacientes con SA, estaba fragmentada.
La Dra. Hanglais realizó el trabajo histológico de descripción de la lesión y yo, asesorado por un genetista trabajé toda la parte genética, elaborando los arboles genealógicos, entrevistando a los pacientes, elaborando las historias clínicas y valorando la evolución clínica de las familias, logrando reunir aproximadamente 200 pacientes en todo el país.
Debo mencionar que disfruté mucho haciendo la tesis, ya que fue la primera vez que tuve contacto con un microscopio electrónico. Este trabajo, en el cual aparezco como coautor, se publicó y tuvo mucha repercusión por ser la primera descripción de la histopatología renal del SA por microscopía electrónica. Además, se presentó en varios congresos nacionales e internacionales.
NP: ¿Exigían como en otras residencias de postgrado, la obligatoriedad de publicar trabajos científicos para la obtención del certificado de nefrólogo?
LT: No obligaban a la publicación de trabajos, lo único que exigían era culminar la tesina final y aprobar los exámenes de la Universidad París V.
NP: ¿Que actividades extra cátedra realizaba en París?
LT: Como estudiantes de los hospitales y de la universidad de París, nos inscribimos en una organización estudiantil que nos otorgaba un carnet estudiantil con múltiples beneficios, por ejemplo, derecho al comedor estudiantil y a tarifas especiales o gratuitas para asistir a actividades culturales, como entrada a museos, conciertos, la cinemateca o viajar. Por ejemplo, en la cinemateca del Museo del Hombre, considerada una de las mas famosas del mundo, proyectaban una película cada dos horas y había sesiones de cine foro.
La vida cultural era muy importante para los estudiantes y mi esposa y yo, asistíamos a todas las actividades que podíamos en nuestros ratos libres y aprovechábamos las vacaciones para viajar. Realmente fueron unos años maravillosos en todos los aspectos.
NP: Teniendo tan cerca el llamado Mayo Francés, ¿como era la actividad política estudiantil en esos momentos?
LT: Se notaba mucha politización estudiantil, sin embargo, nosotros no interveníamos directamente en esas actividades. Era la época del llamado “boom latinoamericano”, integrado por un grupo de escritores latinoamericanos como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, entre otros y pioneros del arte cinético como Jesús Soto y Carlos Cruz Diez. En algunas ocasiones compartimos con el grupo, sin embargo, después de regresar a Venezuela no tuvimos mas contacto con ellos.
NP: ¿Alguna anécdota personal de su estadía en Francia que desee compartir?
LT: Mi novia y yo decidimos unimos en matrimonio justo el día anterior de emprender nuestro viaje a París. Fue una celebración llena de emoción, sabiendo todo lo que ese viaje significaba en nuestras vidas, además de convertirse en el escenario perfecto para nuestra luna de miel. Primero pasamos una semana en Londres antes de viajar a París, luego estuvimos tres meses en Montpellier estudiando francés, para finalmente comenzar nuestros estudios en París, yo en el HN y ella en La Sorbona.
NP: Una vez terminado su postgrado, ¿Pensó en algún momento quedarse en Francia?
LT: Nunca me planteé quedarme a trabajar como nefrólogo en Francia. En esa época, Venezuela era un país que te abría todas las puertas para trabajar y yo, lo que quería era terminar mi postgrado rápido para regresar.
Pero, en todo caso de querer quedarme, en Francia como extranjero eras considerado médico en el hospital, donde podías firmar récipes y hacer informes clínicos, pero no podías trabajar en la práctica privada.
Anecdóticamente, recuerdo que varias enfermeras de diálisis al enterarse que regresaría a mi país, me preguntaban si podían venirse a trabajar a Venezuela en unidades de diálisis periféricas, sin llegar a imaginarse que para esa época aun no existían.
NP: Una vez de regreso a Venezuela, ¿Donde comenzó a trabajar como nefrólogo?
LT: A mi regreso a Venezuela, no había cargos disponibles en ninguno de los hospitales que tenían servicio de nefrología de adultos. Entonces comencé a trabajar en el servicio de nefrología del Hospital Pediátrico Dr. Elías Toro, del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). El jefe de servicio era el Dr. Nahem Seguías y mi rol inicial fue hacer la suplencia al Dr. Alberto Bercowsky, un respetado nefrólogo infantil graduado en México, que ese año se había ido a Inglaterra a completar su formación.
Además del Dr. Seguías, estaba otro nefrólogo infantil llamado Roberto Valbuena y ambos me formaron en el conocimiento de la nefrología infantil, sobre todo en el campo de las glomerulopatías
NP: ¿Que significó para usted haber trabajado ese año en el hospital pediátrico con el Dr. Nahem Seguías?
LT: Haber entrado a trabajar como nefrólogo infantil siendo nefrólogo de adultos fue muy importante para mi, porque ese año me sirvió para completar mi formación como nefrólogo integral, ya que lo considero como un cuarto año de postgrado. Entonces, en mi formación como nefrólogo, considero que fueron tres años de nefrología de adultos en el HN en París y un año de Nefrología infantil en el Hospital Pediátrico Dr. Elías Toro en Caracas.
Además, eso me permitió conectarme mucho con el Hospital de Niños Dr. J.M. de Los Ríos de Caracas. Tanto que ya estando en el HV, seguí acudiendo durante varios años como médico voluntario, para ver las biopsias renales y asistir a las discusiones de casos clínicos. El hospital de niños era un hospital que le gustaba a todos, sobre todo porque el ambiente de compañerismo era maravilloso.
NP: ¿Alguna anécdota que desee mencionar de esta pasantía por un servicio de nefrología infantil?
LT: Confieso que al principio estaba aterrado viendo niñitos tan enfermos…
NP: ¿En que momento regresa al HV ya como nefrólogo?
LT: Regresé al HV en 1975, luego de terminar mi suplencia al Dr. Bercowsky en el Hospital Elías Toro. Para ese momento ya existía un servicio de nefrología en el HV, independiente de medicina interna, en el que trabajaban los Dres. Gastón Vargas, José Chesneau, Abdón Alayón, Luis Urdaneta, Luis Morales y Hugo Herrera. Posteriormente se incorporó el Dr. Jesús padrino y como residente de tercer año estaba la Dra. Freya Capriles.
Trabajar con este equipo de nefrólogos fue muy cómodo para mi, porque hablábamos el mismo “idioma” en nefrología, ya que la mayoría nos habíamos formado en el mismo lugar. Todos éramos amantes de las biopsias renales y de la hemodiálisis.
NP: ¿Había unidad de hemodiálisis en el HV?
LT: Si, ya había una unidad de hemodiálisis. La habían abierto con tres riñones artificiales, donados por un gobernador de Caracas, quien descendía de una familia portadora de nefronoptisis.
NP: ¿Que actividad tenían con relación a diálisis peritoneal y trasplante renal?
LT: En esa época no existía la diálisis peritoneal crónica en las instituciones de salud del país, sino solo diálisis peritoneal aguda. Con relación a trasplante, en el HV nunca se hizo trasplante renal, debido a que la mayoría de los nefrólogos que estábamos allí, nos formamos predominantemente en el HN como nefrólogos clínicos y en ese centro los trasplantes renales eran manejados por los cirujanos, por lo que esta rama de la nefrología no se impulsó en el HV. En Caracas, quienes manejaban los trasplantes renales muy bien, eran los Dres. Jorge Domínguez en el Hospital Miguel Pérez Carreño y Marcos Boissiere en el HUC.
NP: ¿Como era la actividad de biopsias renales a su regreso al HV?
LT: A mi regreso a Venezuela, todavía en el HV se realizaban las biopsias renales por microlumbotomia. Cuando me incorporé al Hospital Elías Toro, el Dr. Seguías ya usaba la técnica de biopsia renal percutánea (BRP) en los niños, utilizando la aguja de Vim-Silverman y continué realizando esta técnica cuando regresé al HV.
Esto permitió que durante una epidemia de escabiosis que hubo en el país, a muchos niños con lesiones cutáneas infectadas secundariamente y con criterios clínicos de glomerulonefritis aguda post infecciosa, se les realizaran biopsias renales sin necesidad de la microlumbotomia, por lo que solo permanecían hospitalizados durante dos días.
NP: ¿Se puede decir que usted fue el primer nefrólogo que hizo BRP en el HV?
LT: Debo contestar que si, porque como mencioné anteriormente a mi llegada al HV, aún se realizaban las biopsias renales por microlumbotomia. Para ese momento, ya en el Hospital de Niños J.M. de Los Ríos y en el Elías Toro, utilizaban la técnica de BRP.
Sin lugar a dudas, la realización de la técnica percutánea facilitó enormemente el procedimiento, ya que mientras que con la microlumbotomia solo se realizaban biopsias en casos muy seleccionados, la técnica percutánea nos permitía realizar una o dos biopsias semanales.
NP: ¿Cómo se procesaban las biopsias renales en esos hospitales?
LT: Los cortes de los fragmentos de riñón los preparaba el personal de anatomía patológica. Pero las biopsias, tanto en el Hospital de Niños J.M. de Los Ríos como en el Pediátrico Elías Toro, las leía el Dr. Nahem Seguías, quien, por ser nefrólogo clínico, tenia experiencia en la interpretación de biopsias renales.
En el HV, inicialmente quienes leíamos las biopsias, éramos los nefrólogos clínicos. Mas adelante, comenzaron a verlas los patólogos, como el Dr. Nelson Amana. Posteriormente, en el servicio de dermatología, montamos la técnica de inmunofluorescencia y el Dr. Rafael Vargas Arenas, la técnica de cortes finos de microscopia electrónica.
NP: ¿Cuándo se inicia el postgrado de nefrología del HV?
LT: En el año 1973, se comenzó a recibir en el servicio, médicos que venían de medicina interna para cursar estudios en nefrología, así se formaron los Dres. Luis Morales y Hugo Herrera, pero la primera en culminar los tres años de estudios fue la Dra. Freya Capriles. Ella egresó con el titulo de médico nefrólogo y posteriormente, fue incorporada como nefrólogo adjunto del hospital.
NP: Reláteme como surgió la idea de la creación de las unidades de diálisis extra hospitalarias
LT: Cuando regresé de Paris en el año 1973, la mayoría de los pacientes con falla renal no tenían la posibilidad de recibir hemodiálisis crónica. Esto se debía a que las unidades hospitalarias existentes, no eran suficientes para atender la demanda de cupos y no existían unidades extra hospitalarias, así que había pacientes en hemodiálisis domiciliaria o que se hospitalizaban para dializarse y conscientes de esta limitación, tomamos la decisión de repetir el sistema francés e implementar unidades extra hospitalarias, como una solución a esta problemática.
Entonces, conjuntamente con la Dra. Freya Capriles, iniciamos en 1977 una pequeña unidad con dos riñones artificiales en un local alquilado, ubicado en el sótano de la Clínica Santiago de León de Caracas, siendo esta la primera unidad de diálisis extra hospitalaria del país.
NP: ¿Como obtuvo esas primeras máquinas de diálisis?
LT: Una de las máquinas era una RSP, que le compramos a una señora cuya hija había estado en diálisis domiciliaria y lamentablemente había fallecido. La otra la compramos directamente a la compañía TRAVENOL y así, con dos sillones y la asistencia de una enfermera del HV, armamos una unidad de hemodiálisis con todo lo requerido para comenzar.
NP: ¿Quien fue la enfermera del HV que se unió a esa iniciativa pionera de la creación de las unidades de diálisis extra hospitalarias?
LT: La Lic. Consuelo Castro, quien fue una pieza fundamental en este proyecto. Ella me ha acompañado toda la vida y después se quedó trabajando con Freya, como enfermera jefe de todas las unidades de dialisis.
NP: Ustedes ya tenían las máquinas de diálisis, ¿Como hicieron para solucionar el problema del financiamiento del material de diálisis?
LT: El financiamiento del material de diálisis era el principal inconveniente. Teníamos las máquinas de diálisis y existían los pacientes, pero estos no podían autofinanciarse y al principio no conseguíamos quien les costeara el tratamiento dialítico.
Entonces, buscando la forma de solucionar esta situación, inicialmente ideamos un sistema de becas para financiar a los pacientes y conseguimos que algunas instituciones públicas o privadas los patrocinaran, como por ejemplo las Damas del Ministerio del Ambiente, MARAVEN, PEQUIVEN, Corporación Venezolana de Fomento, PDVSA, Electricidad de Caracas y aceite BRANCA, entre las que puedo recordar.
Estas instituciones compraban el material y nosotros realizábamos las diálisis. Sin embargo, el costo del procedimiento era sufragado por el paciente e incluso fraccionábamos el monto, si no podían pagarlo de una sola vez.
NP: Hasta ahora no ha mencionado al IVSS, ¿Como entra el seguro social en este escenario?
LT: Una vez nos llegó una joven de 17 años, hija de un sindicalista, que abogó directamente ante el IVSS para que la patrocinara y lo consiguió, siendo ella la primera paciente a quien el IVSS le financió el material de diálisis.
Para ese momento, aun no existía lo que actualmente se conoce como Dirección Nacional de Nefrología, Diálisis y Trasplante del IVSS, no obstante, había una farmacia del IVSS que cubría lo que se denominaba “enfermedades catastróficas” y que autorizaba a los asegurados el suministro de marcapasos, medicinas oncológicas o inmunosupresoras. Este sindicalista también logró que el IVSS a través de esta farmacia, suministrara el material de diálisis, la heparina y soluciones, a los pacientes renales que cotizaban el seguro social obligatorio.
Entonces, nosotros le hacíamos un récipe especificando el material de diálisis requerido y en esa farmacia le entregaban la heparina, las soluciones y como el IVSS no tenia material de diálisis, emitían una orden de compra para las empresas de diálisis TRAVENOL o Médica París, que cubría el costo de las membranas, líneas y catéteres.
NP: ¿Como fue la expansión de sus unidades de diálisis, partiendo de esa pequeña unidad ubicada en el sótano de la Clínica Santiago de León?
LT: A raíz de que el IVSS comenzó a cubrir el material de diálisis, esa pequeña unidad duró muy poco tiempo. La cantidad de pacientes era tal, que nos vimos obligados a abrir otra unidad al lado de la Policlínica Santiago de León, con ocho riñones artificiales y un año después, abrimos otra con doce, en el Edificio Majestic, frente a la Santiago de León. Posteriormente se construyeron unidades de diálisis en el Hospital Padre Machado de la Congregación Las Hermanitas Pobres, que se llamó Madre Emilia; en el Hospital de La Cruz Roja de Caracas y en la población de Charallave.
Es importante resaltar, que nosotros no abríamos las unidades porque quisiéramos, sino porque el número de pacientes crecía de forma exponencial y nos llegaban referidos de todos los hospitales, tantos que cuando las unidades abrían, prácticamente ya tenia los cupos llenos. Debo decir que tuvimos mucho apoyo del IVSS, al principio con la entrega del material de diálisis y al final, ellos también nos referían pacientes.
NP: ¿Recuerda el primer paciente que recibió hemodiálisis en esa unidad ubicada en el sótano de la clínica?
LT: Claro que si. Fue en octubre de 1979, un portugués que tenia una tienda de flores. Este paciente estaba en control en el HV, pero no consiguió cupo en la unidad de diálisis de ese hospital. En esa época, el HV tenia una unidad con ocho máquinas cuyos cupos estaban completos y existía un comité de ingreso para discutir cada caso en particular.
En este comité se evaluaba la edad del paciente, si era padre o madre de familia, trabajador, número de hijos o condición económica. Los adultos mayores generalmente no eran admitidos y a quienes tenían una posición económica sólida, se les orientaba para que resolvieran su situación por su cuenta.
NP: ¿Quien considera usted que ha sido su mas inseparable colaborador en esta odisea de las unidades de diálisis extra hospitalarias?
LT: La Dra. Freya Capriles. Ella y yo comenzamos juntos con las unidades de diálisis extra hospitalarias y fuimos como hermanos. Esas unidades eran de ella y mías y trabajamos muchísimo, talvez ella mas que yo. En esa época nos comunicábamos a través de un “beeper”, el mensaje de Freya decía que, si no podían comunicarse con ella, se comunicaran conmigo y viceversa.
En Latinoamérica, nuestras unidades eran las únicas unidades extra hospitalarias que tenían médico permanente y durante muchos años fuimos Freya y yo quienes cubríamos la atención médica. Además, fueron las primeras unidades en el país en las que el procedimiento dialítico se realizaba siguiendo los estándares internacionales: tres veces por semana y con planta de tratamiento de agua.
NP: ¿Como lograron mantener la calidad de la atención medica especializada con ese crecimiento tan rápido?
LT: Contratamos personal médico, que eran todos especialistas nefrólogos egresados de los postgrados hospitalarios. Es imposible nombrarlos uno a uno, pero entre ellos estaban los Dres. Anabela Arminio, Evelyn Carrasquel, Harold Gil, Raul Carlini, Belkys Becerra, Janet Ogeerally y veinte colaboradores insignes mas, que permitieron que los pacientes urémicos recibieran una atención de excelencia.
NP: ¿En que momento comienza la apertura de otras unidades de diálisis extra hospitalarias en el país?
LT: Comenzó en 1983, cuando el IVSS inició el financiamiento directo del procedimiento dialítico, además de suministrar los materiales de diálisis. Desde 1979 a 1983, nuestras unidades fueron las únicas y se sostuvieron porque los procedimientos de diálisis eran autofinanciados o pagados por empresas públicas o privadas, mas no por el estado. El motivo de nuestro rápido crecimiento fue porque no había cupo en las unidades hospitalarias, no había mas unidades extra hospitalarias y había que resolver el problema de los cupos.
NP: ¿Cuándo decide cerrar el ciclo de las unidades de diálisis extra hospitalarias?
LT: Yo me retiré de la hemodiálisis en forma activa en 1997, pero para ese momento ya existía un programa de unidades de diálisis extra hospitalarias que cubría todo el país. Posteriormente esas unidades fueron traspasadas a una organización que tenía los recursos necesarios para mantenerlas, ampliarlas y mejorar la calidad de la atención.
NP: ¿Cuales considera usted que son sus mayores logros en el camino que ha recorrido como nefrólogo?
LT: Mi labor como nefrólogo clínico en el país considero que ha sido productiva, pero donde mas he trabajado es en la expansión de las unidades de diálisis. Eso permitió que aumentaran las unidades de hemodiálisis extra hospitalarias a nivel nacional y que se incrementara la cobertura a la gran cantidad de pacientes con uremia, que antes no tenían esa posibilidad.
Hubo cierta resistencia, incluso por parte del Ministerio de Salud y Asistencia Social, a que el IVSS financiara las hemodiálisis y se permitiera crear las unidades extra hospitalarias. Sin embargo, pudimos demostrar con números que el costo de mantenimiento era cuatro veces mas caro para las unidades hospitalarias, que para las extra hospitalarias. Al final se dieron cuenta de que esto era cierto y que además era realmente una necesidad. Fue una época muy emocionante, porque cada quien estaba muy claro en lo suyo y los nefrólogos sabían que había que hacer hemodiálisis.
NP: ¿Pasó lo mismo con los trasplantes renales? ¿Hubo cierta resistencia para aceptarlo como una medida de tratamiento de reemplazo de la función renal?
LT: Implementar la cirugía de trasplante también fue difícil. Primero, muchos pensaban que era un invento de los nefrólogos y segundo, porque consideraban que era demasiado costoso. Los sanitaristas siempre han pensado en el costo beneficio y es lógico que lo piensen porque ese es su trabajo, pero cuando se tiene una enfermedad y existe una manera para solucionarla, el código cambia y hay que actuar.
Los Dres. Marcos Bossiere del HUC y Jorge Domínguez del IVSS, tuvieron que superar arduos obstáculos, para lograr que el trasplante renal fuera aceptado como una terapia de reemplazo de la función renal.
NP: ¿Cual ha sido el mayor desafío al que se ha enfrentado como nefrólogo?
LT: El mayor desafío fue mantener la calidad de la enseñanza en la residencia de postgrado en el HV, porque eso ameritaba que todos los servicios relacionados con nefrología funcionaran de forma óptima: nefropatología, quirófanos, radiología, terapia intensiva, laboratorio y hospitalización.
El mayor reto y la mayor satisfacción es que por lo menos hasta 1995, año en el que me retiré del HV, se mantuvo un postgrado de alta calidad y con residentes muy bien formados como nefrólogos.
NP: ¿Qué consejo les daría a los jóvenes médicos que se enfrentan a los desafíos actuales y están considerando una carrera en nefrología?
LT: Le diría que la nefrología es una especialidad multidisciplinaria, en la que hay que ser médico internista y un poco de cada una de las otras especialidades de la medicina, además de bioquímico, administrador y técnico de diálisis. Aparentemente pareciera que la especialidad es muy fácil y que se trata solamente de atender enfermedades renales, pero no es así, por eso cuando hay un paciente nefrópata, todos los demás médicos le tienen miedo, debido a que el manejo de estos pacientes demanda una experticia particular.
También le diría que no es una especialidad lucrativa como puede ser la cirugía plástica o la ginecología, entre otras razones porque la cantidad de pacientes es muy reducida y depende mucho de la referencia de otras especialidades y que honestamente entiendan, que las unidades de diálisis no son un negocio, sino un centro de atención médica.
Por último, que deben aprender a manejar las máquinas de diálisis, entender bien como funcionan, aprender de membranas y conocer todo lo que es la física de las máquinas.
NP: ¿Cual cree usted que ha sido el avance de mayor impacto en la historia de la nefrología?
LT: La terapia de reemplazo renal, o sea la diálisis y el trasplante renal, especialmente la sustitución de órganos. Nefrología fue la primera especialidad que sustituyó un órgano interno y como consecuencia impulsó el desarrollo de la inmunología, además, es la única especialidad que tiene una eficiente terapia de reemplazo mientras el paciente se trasplanta. La gran enseñanza que le dio la nefrología al resto de las especialidades y al mundo entero, fue que los órganos podían ser trasplantados.
NP: ¿Qué factores cree que contribuyen a la falta de interés en la nefrología por parte de los jóvenes médicos?
LT: Esto no es una novedad, porque nefrología nunca ha sido muy popular entre los residentes y si te pones a analizar el perfil de los nefrólogos, o eran médicos residentes muy buenos o venían de otras especialidades como anestesia o terapia intensiva, pero ahora estamos exigiendo que sean médicos internistas.
Esto dificulta mucho la situación, porque al tener ya una especialidad es mas difícil que se haga una segunda, sobre todo en estos momentos difíciles de situación país, donde el especialista se ve obligado por razones económicas, a empezar a trabajar inmediatamente.
Una posibilidad para hacer mas atractiva la especialidad, es que el residente haga medicina interna y nefrología paralelamente, como hice yo en el HN, ya que hacer un postgrado es económicamente muy costoso. Finalmente, es fundamental fortalecer los servicios de nefrología, reestablecer las unidades de diálisis y reiniciar el programa de procura y trasplante de órganos, para mejorar las condiciones laborales y hacer que los residentes se inclinen a elegir nefrología como especialidad.
NP: ¿Participó usted en la fundación de la Sociedad Venezolana de Nefrología?
LT: No, porque para ese momento yo aún estaba en parís. Los padres de la de la sociedad son Gastón Vargas, José Chesneau, Harry Acquatella, Marcos Boissiere y Elías Rodríguez Azpúrua. Ellos pertenecen a una generación anterior a la nuestra y fueron quienes iniciaron la hemodiálisis en el país.
NP: ¿A qué se dedica después que sale del HV y de las unidades de diálisis extra hospitalarias?
LT: Me dediqué a la consulta privada, lo que fue muy satisfactorio, además, mantuve mucha relación con las diferentes unidades de diálisis, de hecho, durante mucho tiempo hicimos reuniones semanales de discusión de casos clínicos en el piso 15 del Edificio Majestic.
Paralelamente, colaboré con la Fundación Rómulo Betancourt, dirigida por la hija de Rómulo, Virginia Betancourt y de la cual fui directivo por mas de doce años. Esta fundación es un centro que promueve la investigación y divulgación de la historia contemporánea de Venezuela, con profesores de alta excelencia.
NP: ¿Algún hobby para entretenerse?
LT: Mi hobby es la gastronomía. Soy miembro de la Academia Venezolana de Gastronomía y he estado en su directiva por mas de treinta años. Disfruto cocinar junto con mi esposa para los amigos y en este sentido, formamos una cofradía de la buena mesa con un grupo de ellos, integrada por Antonio Pasqualli, Armando Scanone, German Carrera Damas y José Rafael Lovera. Cada quien cocinaba en su casa e invitaba al resto de la cofradía, donde además de cocinar, hacíamos una introducción para explicar las características e historia de cada plato que se preparaba.
También impartí clases en la escuela de sommeliers sobre los aspectos médicos relacionados con el alcohol, como por ejemplo lo que es el gusto, la percepción de olores y sabores, el alcoholismo y la tolerancia. Además, fui profesor del Centro de Estudios Gastronómicos (CEGA), sobre aspectos médicos relacionados con la comida, percepción de los sabores, obesidad, tolerancia alimentaria y los aspectos psicológicos y riesgos del oficio.
NP: ¿Como ve la nefrología en Venezuela en este momento?
LT: Cuando veo que hay tantos nefrólogos jóvenes interesados, utilizando un buen lenguaje científico y la sociedad trabajando, promocionando y programando jornadas, así como el congreso bianual, me siento optimista. Veo que hay una generación de relevo interesada a pesar del gran deterioro de la asistencia pública nefrológica.
Estos jóvenes nefrólogos lo que necesitan es mas apoyo del estado, quien tiene que entender que el costo beneficio no rige en nefrología, porque lo que existe es la necesidad de curar una enfermedad. El personal está, lo que se requiere es apoyo del estado.
NP: ¿Volvería a hacer nefrología si su interés inicial se inclinaba mas hacia la terapia intensiva?
LT: Si. Primero, volvería a ser médico por todo lo que significa emocionalmente. Segundo, volvería a ser nefrólogo, por que siempre me hizo sentir que estaba en una profesión de nivel tope. Imagínate, una profesión donde se cuida la vida.
NP: ¿Algún comentario final que desee mencionar?
LT: Estoy impresionado con la desaparición de la atención nefrológica en el país. Los programas de hemodiálisis y trasplante renal, prácticamente han desaparecido. En América Latina, solamente Haití y nosotros no estamos realizando trasplante renal. ¿Como se acabó el programa de trasplante renal? Nunca fue muy grande, pero teníamos un programa que le daba respuesta a los pacientes.
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